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Las lesiones que siguen siendo visibles después de una aplicación de fungicida no demuestran, por sí solas, que el control de la enfermedad haya fracasado. El tejido dañado generalmente no recupera su aspecto original, y las infecciones establecidas antes de la pulverización pueden producir síntomas después. Antes de repetir el tratamiento, compruebe si están apareciendo nuevas infecciones, si la enfermedad está afectando tejidos que antes estaban sanos y si el producto tuvo una oportunidad realista de proteger el cultivo.
Si la enfermedad avanza, la siguiente decisión depende de la causa. Un diagnóstico equivocado, un ingrediente activo inadecuado, un momento de aplicación que no coincidió con la infección, una cobertura deficiente y la resistencia a los fungicidas requieren respuestas distintas. Aumentar la dosis o añadir otro producto sin identificar la causa puede elevar los costes, dañar el cultivo y dejar sin resolver el problema original.
Determine si la enfermedad sigue avanzando. Empiece por llevar un registro fechado de las condiciones en zonas representativas del campo, invernadero o huerto. Fotografíe las plantas afectadas y marque hojas, brotes o plantas seleccionados para que las inspecciones posteriores permitan comparar los mismos tejidos. Incluya tanto las zonas muy afectadas como aquellas donde los síntomas apenas comienzan a aparecer.
Registre las lesiones nuevas por separado de la ampliación de las ya existentes. Anote también si aparecen síntomas en el crecimiento desarrollado después del tratamiento. En los productos que protegen principalmente las superficies tratadas, las hojas nuevas pueden quedar poco protegidas. Incluso los productos descritos como sistémicos difieren en la forma en que se desplazan dentro de las plantas; esa descripción no garantiza protección en todo el follaje ni en cada hoja nueva.
Interprete los cambios teniendo en cuenta el período de incubación de la enfermedad, el crecimiento del cultivo y el clima. No existe un número universal de días después de la pulverización que demuestre el éxito o el fracaso. Los síntomas que aparecen poco después del tratamiento pueden deberse a infecciones anteriores. La persistencia de infecciones más allá del período de protección previsto plantea otra cuestión: si el intervalo entre aplicaciones fue adecuado para las condiciones y estaba permitido por la etiqueta.
Si ya existe una parcela testigo sin tratar, puede ayudar a determinar si el tratamiento frenó la enfermedad. Sin embargo, las diferencias de variedad, riego, suelo o infección inicial pueden distorsionar la comparación. No deje deliberadamente sin tratar una zona de alto riesgo solo para crear un testigo sin el asesoramiento agronómico adecuado.
Confirme que el fungicida puede controlar la enfermedad identificada. Las manchas foliares, el amarilleamiento, el marchitamiento y la muerte de tejidos pueden deberse a enfermedades fúngicas, infecciones bacterianas, virus, trastornos nutricionales, daños en las raíces o fitotoxicidad. También puede haber más de un problema. Un fungicida elegido para un hongo foliar no resolverá el encharcamiento de las raíces ni los daños causados por herbicidas; además, la mayoría de los fungicidas no controla eficazmente las enfermedades bacterianas o víricas.
Examine la distribución de los síntomas antes de elegir otro tratamiento. Conviene investigar más a fondo los daños que siguen las franjas de pulverización, los bordes del campo, los patrones de riego o determinadas zonas del suelo. Estos patrones dan pistas, aunque ninguno permite establecer un diagnóstico por sí solo. Cuando corresponda, inspeccione el envés de las hojas, los tallos, las coronas y las raíces; el síntoma más visible puede estar lejos del punto principal de infección.
Si la identificación sigue siendo incierta, envíe muestras representativas a un servicio de diagnóstico vegetal. Siga sus instrucciones de muestreo e indique el cultivo y la variedad, la cronología de los síntomas, el clima reciente, el historial de riego y los registros de plaguicidas. Las muestras que contienen tanto tejido afectado como tejido relativamente sano suelen aportar más información que el material completamente muerto. Informe al especialista de los tratamientos ya aplicados, ya que pueden afectar la interpretación y la recuperación del patógeno.
Una identificación precisa también permite determinar si el ingrediente activo es adecuado para el problema. Por ejemplo, los mildius y varios tipos de podredumbre de raíz son causados por oomicetos y pueden requerir fungicidas distintos de los utilizados contra muchos hongos verdaderos. Una afirmación general como «controla las enfermedades foliares» no es suficiente: compruebe en la etiqueta vigente que el cultivo y la enfermedad estén registrados, así como el método de aplicación y las restricciones.
Reconstituya cómo se realizó la aplicación antes de culpar al producto. Use los registros de pulverización y del clima, los ajustes del equipo y el envase restante para determinar qué llegó al cultivo. Confiar únicamente en la memoria no es fiable cuando se han tratado varios campos, productos o cargas del tanque. Las siguientes comprobaciones ayudan a distinguir los errores de selección del producto de los problemas de aplicación:
Aunque se introduzca la cantidad correcta en el tanque, la protección puede ser insuficiente. Los follajes densos, las hojas rizadas, las superficies cerosas y las hojas inferiores pueden impedir que la pulverización llegue a los puntos de infección. Los fungicidas de contacto dependen especialmente de una buena cobertura. Los productos que se desplazan dentro de la planta también necesitan una deposición y absorción adecuadas; no pueden compensar cualquier deficiencia de cobertura.
Inspeccione la cobertura en condiciones de funcionamiento representativas. Las tarjetas hidrosensibles pueden mostrar los patrones de deposición, pero no determinan la cantidad de ingrediente activo retenida ni demuestran la eficacia biológica. Utilícelas junto con la revisión de las boquillas y la inspección del follaje. Los ajustes del volumen de agua, la elección de boquillas, la presión o la velocidad de avance deben respetar las instrucciones de la etiqueta y las restricciones para evitar la deriva.
El clima puede explicar resultados aparentemente inconsistentes entre aplicaciones. La lluvia o el riego por aspersión antes de que el producto sea resistente al lavado pueden reducir los depósitos, mientras que el viento puede desviar la pulverización del objetivo. El calor y el aire seco pueden aumentar la evaporación antes de que las gotas alcancen el follaje. La resistencia al lavado por lluvia y los requisitos de absorción varían según la formulación; por eso, siga las instrucciones del producto en lugar de aplicar una regla general sobre esperar unas horas.
Conviene investigar la calidad del agua y las mezclas en tanque cuando los registros o las señales visibles lo justifiquen. Algunos productos son sensibles a determinadas condiciones del agua, y las mezclas incompatibles pueden sedimentarse o afectar el rendimiento. No añada un acidificante, tampón, fertilizante u otro producto químico solo porque el control haya sido decepcionante. Utilice únicamente aditivos compatibles con la etiqueta y respaldados por los requisitos de la formulación; una prueba en frasco evalúa la compatibilidad visible, no la seguridad para el cultivo ni la eficacia contra la enfermedad.
Determine si la pulverización comenzó después del período de tratamiento eficaz. Muchos fungicidas funcionan mejor antes de la infección o durante una fase inicial limitada. Una vez que el tejido está ampliamente colonizado, el tratamiento puede proteger el tejido sano restante sin detener todas las lesiones existentes. Términos como «curativo» o «sistémico» no deben interpretarse como una promesa de recuperar las hojas dañadas ni de erradicar una infección avanzada.
Revise la secuencia de condiciones climáticas favorables para la infección, la aparición de los primeros síntomas y el tratamiento. Es posible que una pulverización realizada después de un período prolongado de humedad foliar haya tenido lugar tras el principal episodio de infección. Con una presión de enfermedad constante, el rápido crecimiento del cultivo o los episodios de infección repetidos también pueden dejar una protección insuficiente, sobre todo cuando el intervalo se aproxima al máximo permitido por la etiqueta.
Cuando la etiqueta establezca distintos intervalos o dosis para diferentes condiciones, elija una opción dentro de esos límites teniendo en cuenta la presión de la enfermedad y las recomendaciones locales para el cultivo. Nunca acorte el intervalo mínimo ni supere la dosis máxima para compensar un tratamiento tardío. En los cultivos próximos a la cosecha, el plazo de seguridad y las aplicaciones permitidas restantes pueden limitar considerablemente las opciones disponibles.
Investigue la resistencia cuando el diagnóstico, el momento y la aplicación respalden esa posibilidad. La resistencia es más probable cuando el producto correcto ha dado resultados deficientes en repetidas ocasiones contra un objetivo confirmado, pese a haber sido aplicado en el momento adecuado, con buena cobertura y en condiciones apropiadas. Una sola aplicación decepcionante constituye por sí sola una prueba débil. Un rendimiento desigual en el campo puede deberse a la aplicación o a la presión de la enfermedad, y la resistencia puede coexistir con esos problemas.
Revise los ingredientes activos y los grupos por modo de acción de todo el programa de pulverización. Cambiar de marca no necesariamente modifica la presión de selección de resistencia. Distintos ingredientes activos del mismo grupo pueden presentar resistencia cruzada, y las mezclas preparadas pueden contener un componente que ya se haya utilizado repetidamente.
Utilice la información por grupos del Comité de Acción contra la Resistencia a Fungicidas (FRAC), las etiquetas de los productos y las recomendaciones de resistencia específicas para el cultivo para evaluar la secuencia. Los códigos de grupo ayudan a organizar las decisiones, pero no demuestran que un producto controle el patógeno diagnosticado. La información local sobre sensibilidad, si está disponible, y los análisis de laboratorio pueden aportar pruebas más sólidas que la apariencia del cultivo por sí sola.
Si se sospecha resistencia, es poco probable que repetir el mismo modo de acción afectado resuelva el problema de fondo. Solicite asesoramiento sobre una alternativa eficaz y registrada, con un perfil de resistencia adecuado. Cualquier producto asociado en una mezcla debe contribuir al control de la enfermedad objetivo a la dosis indicada en su etiqueta. Añadir otro ingrediente no vuelve eficaz automáticamente un tratamiento débil ni garantiza una gestión adecuada de la resistencia.
Elija la siguiente medida según los resultados. Una segunda aplicación solo se justifica si existe un objetivo adecuado, una oportunidad de tratamiento eficaz y una opción legal y técnicamente apropiada. Adapte la respuesta a las pruebas disponibles:
Mientras se realiza esa evaluación, reduzca, cuando sea práctico, las condiciones que favorecen la infección. Según el cultivo y el patógeno, esto puede implicar corregir el exceso de riego, mejorar el drenaje o la ventilación, gestionar los residuos infectados o eliminar focos localizados de infección. Las medidas de saneamiento deben adaptarse a la enfermedad: manipular plantas mojadas o trasladar herramientas contaminadas puede propagar algunos patógenos.
Antes de cualquier pulverización de seguimiento, compruebe el intervalo mínimo entre tratamientos, los límites estacionales de aplicaciones e ingredientes activos, el plazo de seguridad, los requisitos de reentrada de los trabajadores, el equipo de protección personal y las restricciones según la fase del cultivo. Si los productos van a exportarse, compruebe también las especificaciones del comprador y los límites de residuos del mercado de destino. Un tratamiento que parece adecuado desde el punto de vista agronómico aún puede crear problemas para la cosecha o el acceso al mercado.
Incluya la investigación en el registro del siguiente tratamiento. Anote la causa sospechada, la corrección aplicada y las observaciones que indicarán una mejora. Compare las nuevas infecciones en las plantas marcadas, la propagación a zonas que antes estaban sanas y la enfermedad en el nuevo crecimiento. Estas observaciones ofrecen una base más sólida para la siguiente decisión que comprobar si las hojas dañadas parecen más verdes después de otra pulverización.
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